An ode to those who ignore

“No oigo, no oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado”

Desde que me separé del ambiente magisterial mexicano varios ex-compañeros y algunos amigos me han contactado para saber qué me hice. Algunos, los menos, sólo me han saludado, quedándose con el morbo por dentro.

Muchos de estos personajes estuvieron en contacto cercano y constante conmigo durante mi etapa de formación en el mundo cripto. Todos ellos me expresaron sin empacho cuán equivocada estaba, lo mal que hacía al perder mi tiempo en esto y su certeza en que el ambiente es para los sinquehacer hijos de papi que no les cuesta ganarse el pan.

Hace unas semanas estuve en Dubái por cuestiones de trabajo. No. No del quehacer docente. Fui a un congreso de Blockchain. Como maestra, lo más lejos que viajé fue a Santa María del Río, S.L.P.(pocos sabrán dónde queda). Durante el viaje, me tomé el atrevimiento de publicar algunas imágenes y comentarios en Facebook, que es donde mis más queridos amigos me siguen y donde mis más acérrimos detractores solían regodearse con mi irresponsable manera de colgar pensamientos de tristeza, derrota e ironía a montones.

Ayer recibí la llamada de una maestra que otrora gozó de mi más sincero afecto: -“Mi esposo quiere que le mandes información de tus cristomonedas. A ver si se anima a invertir. No le vayas a hacer perder el dinero con eso, eh?”

No le contesté. No sabría qué decirle. La avasallante ignorancia que implica en cada una de sus palabras me dejó impotente a comentar algo asertivo y útil.

Después de un rato, me repuse de la impresión y le mandé varias preguntas. ¿Qué sabe tu esposo de cripto? ¿Cuáles son sus expectativas? ¿Por qué quiere información acerca de mi proyecto? ¿Ha leído algo al respecto? Su respuesta no fue menos asombrosa que su comentario inicial: “Dice que si a tí te alcanzó para irte a Dubái, debe ser buen negocio para cualquiera”

Varias palabras altisonantes me brincaron a la mente al momento. Me regodee en mi ira por unos minutos y después decidí borrar ese chat de whats, ignorar lo que acababa de leer y seguir con mi vida. Esta publicación es prueba de que no lo logré.

En Dubái conocí a Diego Rojo Moreno, quien ha emprendido la batalla contra la ignorancia en algunos niveles de la sociedad hispanohablante. Escribió un libro. Desde ya cuenta con mi admiración y respeto. La paciencia necesaria para explicarle a los no-informados lo que en realidad significa el nacimiento y desarrollo de las criptomonedas ya merece un reconocimiento.

Yo los mato. A todos. Supongo que mis habilidades pedagógicas nunca fueron muy buenas y por eso mis alumnos no aprendían nada y mis compañeros no se contagiaron de mi entusiasmo por las criptomonedas. Vamos, ¡ni siquiera por el rendimiento que anualmente han reportado de manera incesante los últimos 5 años!

La ignorancia es vasta y la curiosidad escasa. La lengua es larga, la boca abierta y la mente cerrada. Ojalá, quienes comulgamos con la revolución del cripto, nos detengamos un momento y dediquemos un pensamiento a todos aquellos que están fuera de lo que cambiará la historia de la humanidad. Sobre todo por aquellos que, secretamente, le temen.

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Abril Altés

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